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14 de mayo de 2011

LAS CRUCES DE MAYO

Las cruces de mayo son las que he marcado en el calendario de este mes, para apuntarme a pruebas de marcha o maratones BTT oficiales, los días 1, 7, 14 y 21. Y ya llevo dos, porque la primera (Ubrique) la han aplazado hasta octubre.
Mis objetivos eran (por este orden) no tener accidentes ni caídas, no tener averías y, si puede ser, terminarlas.

El 7 de mayo, los 101. Más de 3.000 participantes en la modalidad de bicicleta. Completada en 7 h. 45 m. con la Marin. Mi cuentakilómetros registraba 104 k. en 7 h. 30 m. (sin contar las paradas), a una media de 14 k/h. Clasificación: 1014 de la general y 70 de mi categoría.

Hasta el km. 85,7 (Benaoján) no paré para coger avituallamientos, ni sólido ni líquido. Después venía una subida (para mí imposible con la Marín. Con la Orbea creo que también), inédita en los 101 pero que ya subí (a pie, por supuesto) en la Prohibida de hace un año. Cuando terminé la subida me dí cuenta que tenía que haber parado a comer, pero ya era tarde. No tenía fuerzas y además sólo pensaba en la comida de meta (¿Cómo decíais que se llamaba eso?) Trescientos metros más adelante había un avituallamiento y me comí por lo menos ocho trozos de plátano seguidos. Después ya normal hasta Ronda, donde el público te lleva en volandas hasta la meta.










Hoy, 14 de mayo, la VIII Marcha BTT de Olvera. 500 participantes y mucho calor. He hecho el itinerario corto (Cicloturista) con la Orbea: 53 k. A mí me han salido 60, incluyendo el tramo neutralizado. Según la clasificación provisional he tardado 3 h. 04 m. 03 s., quedando en el puesto 34º y 1º de los Master 50.

El recorrido es verdaderamente en dientes de sierra: muchas subidas de plato chico y bajadas espeluznantes. Muchos más accidentados que en Ronda. Batacazos por todo el camino: sólo vi uno en subida y todos los demás en bajada. Normal. Es un trazado más rompepiernas, pero las cuestas se pueden subir (plato chico y despacito) y las bajadas se pasan (con una mínima precaución). Es la primera vez que huelo a quemado (literalmente) en una ruta y he visto incluso salir humo, de las pastillas de los frenos de disco.
He estado con dos compañeros del MTBV Jerez (Emilio y Félix) y un grupo del Asodena (de La Barca), pero ellos han hecho el recorrido largo. Eso sí: han llegado agotados.

El próximo sábado, 21 de mayo, si no pasa nada, toca la Cortes eXtreme.

8 de mayo de 2011

101 RONDA 2011

7 de mayo de 2011: los 101 de la Legión. 
Más de 3.000 participantes sólo en la modalidad de bicicleta. Esta prueba crea cada edición mayores espectativas y el ambiente sigue siendo insuperable. Cada vez va estando más alto el nivel. Los participantes acuden cada año más preparados (en equipación, bicicletas, entrenamientos, etc). Recuerdo que las primeras veces veía a los lados del camino a muchísma gente parada con calambres, los avituallamientos a rebosar de personas esperando, los compañeros de una misma peña rodando juntos y muchos ciclistas charlando. Todavía ocurre, pero cada vez menos. Imagino que en la modalidad de marcha todavía se disfruta de esas "tradiciones". Lo que sí se mantiene es la excelente organización que derrocha la Legión en esta prueba. Ha sido mi 8ª participación y las ocho veces las he terminado. La he completado en 7 h. 45 m. con la Marin. Mi cuentakilómetros registraba 104 k. en 7 h. 30 m. (sin contar las paradas), a una media de 14 k/h. Clasificación: 1014 de la general y 70 de mi categoría. 
Antes de la salida se puso a llover y todo el mundo tuvo que recurrir a los chubasqueros. Pero al final del tramo neutralizado la mayoría llevábamos sólo manguitos. Habían avisado de que había barro. Y lo había. En algunas zonas había que pasar obligatoriamente por un lodazal. En otras se podía esquivar por algún ladillo. El recorrido es en su mayor parte similar al de otras ediciones, con algunas variantes (sobre todo de subida) para todos los gustos. Algunos de los tramos nuevos los conocía ya de la edición de los 102 de la Sufrida del pasado año y me resultaron más cómodos, pero la subida de Benaoján a Ronda... ¡vaya tela! Hasta el km. 85,7 (Benaoján) no paré para coger avituallamientos, ni sólido ni líquido. Después venía una subida (para mí imposible con la Marín. Con la Orbea creo que también), inédita en los 101 pero que ya subí (a pie, por supuesto) en la Prohibida de hace un año. Cuando terminé la cuesta me dí cuenta que tenía que haber parado a comer, pero ya era tarde. No tenía fuerzas y además sólo pensaba en la comida de meta (¿Cómo decíais que se llamaba eso?) Trescientos metros más adelante había un avituallamiento y me comí por lo menos ocho trozos de plátano seguidos. Después ya normal hasta Ronda, donde el público te lleva en volandas hasta la meta. 

7 de mayo de 2011

LOS ESPARTANOS DE LOS 101KM. DE RONDA































Mucho plaka-plaka, mucho 25km. de media, mucho yo he subido antes al repetidor del Mojo y os he sacado 20 minutos, que hay gente que coge el taxi para volver de San Jose del Valle, que yo soy el gallito del gallinero, pero no he visto a ninguno de ellos en la ruta de hoy 7 de Mayo de 2011 ,(101km. Ronda la Legion), solor he visto a uno de nuestros sufridos compañeros de bici de los martes y los jueves y ese ha sido Angelmari, el profe.




Y como para muestra con solo un boton vale, os mando unas fotitos de este evento, que hemos realizado Lobato, Rafa lomas y un servidor que es el que suscribe.

10 de febrero de 2011

VI ED. 101 LEGIÓN

14 de mayo 2000.
Después de haber comentado entre el grupo las maravillas de los 101, los convencí para que se inscribieran en esta edición. Y todos muy ilusionados madrugamos para marchamos hacia Ronda. Desayunamos, nos preparamos y nos dirigimos al campo de fútbol. Luego tocaba esperar la hora y pico hasta que dieron la salida.Siempre resulta espectacular el paso de ciclistas por la calle Espinel, el puente del tajo y las cuestas del barrio moro. Después del tramo neutralizado el grupo empezó a dispersarse, cada uno a su aire. En el km. 20 aproximadamente pincho. Me aparto a un lado y le cambio la cámara. No paran de pasar ciclistas. En el km. 40, a la entrada de Alcala del Valle, vuelvo a pinchar la misma rueda y me tengo que poner a buscar y arreglar el pinchazo. Antes de llegar a Torrealháquime vuelvo a pinchar la misma rueda y otra vez a coger pinchazo. Llegó Diego que se quedó conmigo y continuamos juntos el recorrido. Paramos a comer en Setenil (otros años yo no paraba, sino que cogía algo de comer y me iba). Además de algún bocadillo, me supo a gloria una chocolatina KitKat que nos daban. Continuamos juntos hasta Benaoján, donde, subiendo la rampa de hormigón hacia Montejaque, me separé de él y no lo esperé ya hasta la meta. Después lamentaría no haber terminado el recorrido juntos, pero ya no tenía remedio. Allí en meta estaban mi mujer y la suya que habían ido a vernos. Y todos los demás, que habían llegado antes.
Terminamos la prueba 2.124 ciclistas, de los que 393 eran de mi categoría. Yo quedé el 757º de la general y 113º de la categoría, con un tiempo de 8 horas y 23 minutos.

28 de enero de 2011

V EDICIÓN 101 DE LA LEGIÓN

Como ya tenía el veneno bien inoculado, a la semana de regresar de Ronda y una vez recuperado del cansancio, los calambres y agujetas, tenía mi gusanillo para inscribirme al año siguiente y sólo le daba vueltas a cómo tendría que planificar la temporada de entrenamientos para llegar en mejores condiciones. Llegó el día y allí estaba dispuesto a disfrutar más y sufrir menos. La salida, al igual que el año anterior, estaba repletas de ciclistas y marchadores, todos deseando que comenzara la prueba para dar rienda suelta a sus energías. A esta edición también se habían inscrito Julio y Rogelio. En alguna ocasión habíamos salido a entrenar juntos.
El recorrido fue básicamente el mismo, con lo cual ya lo conocíamos del año anterior y sabíamos dónde empezaban los tramos duros y dónde se podía apretar un poco más. La principal diferencia estuvo en la subida a la ermita de Montejaque: la vez anterior se subió por la pista de tierra desde el cuartel y en esta ocasión se subía desde el pueblo, por el estrecho zigzag empedrado. Ni por un lado ni por otro la había podido subir montado en la bici. De los 1.539 ciclistas que tomamos la salida conseguimos terminar 1.335. Al final logré rebajar el tiempo del año anterior en una media hora, obteniendo el puesto 127º de la general y 48º de mi categoría, tardando para ello 5 horas y 58 minutos.

23 de enero de 2011

EL SENTIDO DEL LÍMITE Y EL LÍMITE DEL SENTIDO

Desde 1995 la Legión del Ejército de Tierre español viene realizando en la Serranía de Ronda (Andalucía) una prueba deportiva de gran dureza, consistente en correr a pie o en bicicleta de montaña un total de 101 kms. en menos de 24 horas. El creciente éxito de participación hizo que se superara en la edición del año 2000 la cifra de 3.600 participantes entremilitares y civiles. La toma de datos cuantitativos y cualitativos obtenidos en dos de las ediciones nos permite reflexionar sobre interrogantes tales como: ¿es la búsqueda de límites un comportamiento generalizado en el ser humano?; de ser así, ¿contribuye el deporte extremo a satisfacer esa aspiración?; ¿constituyen los 101 un ritual de paso o de solidaridad?; ¿coinciden los objetivos de los organizadores con las motivaciones de los participantes?; ¿hasta qué punto se puede ver reflejada la sociedad en la estructura y dinámica de esta prueba deportiva? Sobre todas estas cuestiones aportamos datos e ideas, con el propósito de ampliar la comprensión de un evento deportivo, convertido ya en un fenómeno social. (Ángel Acuña Delgado. Universidad de Granada)

Si os interesa leer algo más sobre este tema, podeis hacerlo a través de este enlace.

8 de diciembre de 2010

LOS 101 DE LA LEGIÓN

En el año 1998 comencé mi andadura por los 101 de la Legión. Nunca había realizado una ruta tan larga en kilómetros, ni tan dura en desnivel y esfuerzo. Terminé asegurando que “una y no más” (me imagino que como todos, la primera vez). Y a la semana ya estaba soñando con la próxima edición. “Que te engancha”, en otros no lo sé, pero en mí se cumple. A partir de ese momento y siempre que he podido, la ha repetido. Es como un reto personal, un aliciente para la autosuperación, una constante búsqueda de los límites y de la propia mejora.
He participado en siete ediciones consecutivas (de la IV a la X) y las siete las he finalizado, más o menos agotado, pero sin caídas ni lesiones. Las peores, la VI (pinché tres veces, y, sin más cámaras, me tuve que poner a coger pinchazos), y la X (salía de una lesión y con poca forma me costó muchísimo esfuerzo terminarla). La mejor, la VIII, donde quedé el 13º de la general de los 101 y 2º de mi categoría.

En algunas ocasiones he ido solo y en otras con varios compañeros del grupo. Al principio estamos todos juntos, pero poco a poco los vas perdiendo de vista. A lo largo del recorrido no paras en ningún momento de ver ciclistas (que te adelantan, que tú adelantas, comiendo en los avituallamientos, arreglando averías, cansados, arrastrando la bici en las cuestas, tirados en las cunetas con calambres, heridos...). Hablas con unos, ves algún maillot conocido, a otros sólo los oyes decir “¡Voy por la izquierda!”. ¡Corres con tanta gente alrededor, pero a la vez tan volcado en tus propios pensamientos!
Los legionarios de los jalonamientos y cruces siempre tienen unas palabras de aliento para ti, que se transforman en dos briosas pedaladas con fuerzas que pensabas que ya no te quedaban.

Podría destacar innumerables momentos y situaciones a lo largo de esas siete ediciones: lo impresionante que resulta ver a miles de personas (corredores, ciclistas, organización, espectadores) alrededor del evento; los brazaletes, los reflectantes, el número de dorsal pintado en la espinilla; los nervios de la primera salida; la calle de la Bola, por Ronda; la marea humana y de bicicletas por los carriles del principio; cada voluntario que te avisa en los tramos peligrosos; las cámaras abandonadas por el camino; la única persona que se quedó conmigo la vez que pinché tres veces y a quien al final yo no esperé; el paso por los pueblos (¿no hay ni uno llano?); la ducha de agua pulverizada en Montejaque; los botes de agua perdidos; la cuesta de la ermita, que nunca he podido subir montado, en carrera, ni en una dirección ni en otra; cruzar el tajo oliendo a meta y las últimas pedaladas...
Hay senderos, pistas, carriles, asfalto, llanos, cuestas para todos los gustos (casi todas concentradas en la última parte de la carrera), trialeras, arroyos, baches, surcos, roderas, túneles, vías, puentes, pueblos, rotondas, badenes..., buen ambiente y buena gente.
El próximo mayo se celebra la XIV edición.

31 de octubre de 2010

IV EDICIÓN 101 DE LA LEGIÓN

 Durante las navidades de 1997, al entrar en una tienda de bicis vi un cartel que anunciaba los 101 de Ronda. Pregunté y me dieron un folleto con la incripción: 101 Kms. en 24 Horas. Estuve dándole vueltas a la cabeza, valorando las dificultades y posibilidades, pero con el "gusanillo" dentro. Nunca había hecho 100 kms. seguidos, y ésta podía ser una buena ocasión. ¿Por qué no? Iba a ser mi primera participación en los 101. Desde el momento que decidí enviar la inscripción comencé a organizarme para poder participar en lo que suponía un nuevo reto: superar la barrera de los 100 kilómetros. Se hacía necesario tener la bici a punto, decidir qué herramientas llevaría, la ropa que me pondría, cómo solucionar el tema del agua, etc. Pero sobre todo, la progresión en el entrenamiento, que iba a resultar imprescindible. Con el grupo hacía salidas cortas (entre 35 y 45 kms.) entre semana, y alguna más larga (entre 60 y 70) los sábados. Llegar a los 100 iba a suponer un esfuerzo añadido. Tendría que salir solo, salir antes o continuar pedaleando cuando los demás terminaban y se quedaban a tomar la cerveza. Tendría que hacer entrenamiento específico de cuestas por esta zona, donde la más larga sólo tiene 800 m. Tendria que ir acostumbrándome a estar varias horas seguidas sobre la bici. En fin, una una mezcla de circunstancias para conseguir una meta. Lo de la ropa, las herramientas o la bici resultaba más superfluo. Lo que necesitaba ahora más dedicación era el entrenamiento. Y eso hice: planifiqué el tiempo que me quedaba hasta el día de la prueba, calculé los kilómetros con los que debería llegar, y organicé el plan de entrenamiento. Puse en práctica todo los mecanismos que podía adoptar: entre semana salía antes, de manera que cuando me encontraba con el grupo ya llevaba 15 o 20 k. Durante el recorrido procuraba no bajarme de la bici: en las paradas continuaba montado o iba y venía a buscar a los rezagados. Cuando llegábamos a Jerez, y dependiendo de la luz que quedara, continuaba rodando para hacer 8 o 10 k. más. En algunas ocasiones me iba solo a hecer tiradas largas. Y para el entenamiento de cuestas me iba a hacer series a las que conocía y estaban cerca, además de acercarme al Valle para subir la Cruz, o a la sierra, para hacer lo mismo desde Zahara a Las Palomas. No conocía a nadie de aquí que fuera a hacer la prueba y poco tiempo antes de la carrera me enteré de que también iban Julio y alguno más de carretera. Nos pusimos en contacto y salimos algunos días a hacer tiradas largas. Me ofreció irnos juntos, pues él llevaría también a sus dos hermanos: Antonio y Juan Ramón. 
Y llegó el día. A las 6 de la mañana estábamos metiendo las bicis en el vehículo y saliendo en dirección a Ronda. Allí había muchísima gente por todos lados: deportistas, organizadores, acompañantes. Después de desayunar, vestirnos, montar las bicis y calentar, nos dirigimos al polideportivo para recoger los dorsales y entrar. La excitación iba aumentando. A pesar de lo temprano que era el pelotón ocupaba ya media vuelta a la pista de atletismo, y en el césped había otra multitud de marchadores. Tuvimos que esperar cerca de hora y media hasta la salida, pero el incensante hormigueo de ciclistas y corredores, los nervios previos a una prueba y sobre todo la animación, el bullicio y el colorido hacían que pasara el tiempo sin darme cuenta: no paraba de ver bicis de todas las marcas, modelos y colores; estudiaba a las personas y les suponía, por los tipos y las bicis que llevaran, determinada forma física; me fijaba en los maillots y la procedencia de cada uno; y escuchaba mil bromas y comentarios de aquellos que estaban tan nerviosos o más que yo. Recuerdo que Antonio me dio un tubito de glucosa para el momento en que tuviera que obtener un plus de energía. (¡Al final habría necesitado no uno, sino diez!). Tras las palabras de rigor y los vítores, ¡el cañonazo!, y la fila se puso en marcha. Era una larguísima marea de bicicletas atravesando las calles de Ronda. Entramos en la primera pista y al poco comenzaba la primera subida. Con tantas bicicletas resultaba imposible subir montado. A lo largo de todo el recorrido hay subidas y bajadas, pero las cuestas más exigentes están concentradas en la segunda mitad de la carrera, lo que hace peculiar y más dura si cabe esta prueba, pues es justo cuando menos energía va quedando, cuando más exigente se pone la ruta. Julio y sus hermanos llevaban el mismo maillot azul, por lo cual me resultaba fácil localizarlos. Nos acercábamos y nos separábamos, pero prácticamente hasta la mitad de carrera íbamos juntos. Parábamos en los avituallamientos para comer frutas y pastelitos, o para reponer de agua los botes. Por el camino no existió ni un instante en que no hubiera ciclistas: a lo lejos por delante, al lado, por detrás, en los avituallamientos, parados, adelantándome, otros que yo adelantaba, ... No había un sólo momento en que se circulase en solitario. Con algunos hablas. Otros te preguntan cómo vas. Y la mayoría a lo suyo, que es pedalear. De vez en cuando, control y a picar. En la cuesta del infierno (la de tierra roja entre Alcalá del Valle y Setenil) me llamó la atención ver a Juan Ramón subiéndola con el plato mediano. Yo iba con "molinillo" y a duras penas. Al llegar al avituallamiento que había al final de la cuesta él se paró y yo continué. Y ya no los vi más hasta la meta. Por lo visto un poco más adelante le habían dado unos fuertes calambres. En las bajadas pendientes y sobre todo cuando estaban bacheadas se veían muchos botes esparcidos por el suelo que los dueños no se paran a coger (la mayoría de las veces porque ni siquiera se han dado cuenta de que se les ha caído). También, y a pesar de todos los avituallamientos y respectivas papeleras y bombos de basura, se observaba basura salpicada por el recorrido: cáscaras de plátano, envoltorios, cámaras y algún dorsal perdido. Nada más salir de Setenil, comenzando el "Sendero de los Bandoleros", empece a sentir los primeros calambres, pero sin tener que parar. Cruzando el cuartel de la Legión, de nuevo calambres, pero subiendo piñones podía continuar. La subida a la ermita de Montejaque se hacía por detrás, desde el Mures, por el carril de tierra, donde al final, en el último kilómetro tuve que bajarme porque no podía hacerlo montado. A los lados del camino había muchos ciclistas parados: unos descansando a la sombra, otros con calambres, y alguno parecía estar muerto o cuando menos dormido, pues no se les apreciaba el menor indicio de movimiento. Pasé junto a un par de accidentados (uno de ellos con sangre en la cara) que estaban siendo atendidos por legionarios. Y para terminar, la cuesta del cachondeo, que tampoco pude subir montado. Pero una vez arriba sólo quedan las últimas pedaladas oliendo ya a meta. Mucho público te anima y te alienta, lo que te da renovadas fuerzas para entrar en los jardines de meta con la satisfacción de haber conseguido superar el reto. En la meta, el ladrillo: una placa cerámica como reconocimiento al esfuerzo realizado y a haber podido terminar. En ese momento no te importa ni el cansancio, ni los calambres, ni las cuestas que has tenido que subir a pie, ni el polvo que llevas encima. Sólo quieres un refresco y disfrutar de ese momento, habiendo conseguido terminar. Más tarde, viendo que algunos entraban con las ruedas embarradas, me enteré que a los que iban un poco más retrasados que yo les había llovido cerca del final. En meta me marcaron 6 hor. 18 min. 53 seg., con el puesto 171º en la general (de 1079), y 68º en mi categoría (de 393), lo que no estuvo nada mal para ser la primera vez. Logramos terminar la prueba 841 ciclistas.
Después de comer, recogimos diplomas y regalos, y de vuelta para casa. En el coche, más calambres, las anécdotas de la jornada y el común comentario de que "una y no más". Ya habíamos probado este jarabe y no nos quedaban ganas de repetir... Pero todavía no había hecho efecto el veneno... Justo una semana después, quien más y quien menos ya estaba planificando el entrenamiento para la siguiente temporada y esperando (para sus adentros) la inscripción de la V edición.