15 de agosto de 2015

ZAHARA 2015

Un verano más la convocatoria de una suculenta paella junto al mar resultaba una oferta tan atractiva que fue capaz de congregar a una treintena de amigos procedentes de los más variados rincones de Andalucía.
La comida transcurrió en un ambiente jovial entre risas y bromas, culminada con un arroz con gambones que dieron mucho juego. Hubo quien los peló al modo tradicional (dedos y chuperreteo), quien los diseccionó con la más cuidada de las cirugías o hasta quien se enfrentó en buena lid con florete y estoque para arrebatar tan preciado manjar a otros. La sobremesa al sol sirvió para hacer comparaciones con ediciones pasadas y proponer futuros retos (gastronómicos más que nada).
El programa de actividades incluía una excursión por la playa para el avistamiento de cetáceos peludos. Algunos tuvieron la oportunidad de darse un chapuzón y contemplar desde muy cerca la delicada danza de delfines, calderones, orcas, cachalotes y algún rorcual que chapoteaban entre las olas, poniendo incluso en peligro la integridad de bañistas al acercarse y alejarse de la orilla.
Dentro de la jornada tambien estaba contemplada una visita en bici por la zona, para comprobar sus valores naturales, paisajísticos, culturales e incluso turísticos, pasando por la localidad de Zahara de los Cadavezmenosatunes, el polito de mangas cortas (porque para abrigo hace todavía mucha calor) de Atlanterra (con pinturas rupestres y tumbas antropomorfas, que algunos pasaron de largo con el ansia de la paella), el asiento del papo (el bidet), la duna de Polonia, las ruinas de Baelo y el faro de Camarinal.
En definitiva, una jornada de confraternidad con una esmerada organización que algunos finalizamos donde comenzamos (en Divina) tertuliando sobre las jubilaciones. Serán cosas de la edad.

1 comentario:

  1. Una ruta, la de la Silla del Papa, que se ha convertido ya en una de las clásicas más clásica de mtb, gracias en parte a la paella postruta y al baño posterior, pero también al paisaje espectacular y al buen hacer de “El Peña Chico”.
    Esta vez subimos por donde otras bajamos, con un desnivel como la copa de un pino y más piedras que donde las hacen. Una de ellas, la de muestra, dio con el palmito de nuestro querido y admirado Manolomerca en el durísimo suelo. Unos arañazos y un dedo a la virulé fueron las únicas (por suerte) consecuencias del revolcón (aunque él no quería).
    Por otra parte, una vez más pudimos comprobar las sinrazones de las antenas en lugar tan histórico-artístico y los abundantes parques eólicos que hacen estragos en tantas bandadas de aves migratorias. Todo sea por el progreso, aunque no se entiende a juzgar por las cifras de paro cada vez más insoportables en esta comarca (y otras muchas también). En fin…
    En cuanto al espectáculo, aparte del arte de Valiente y de Lobato de retirarse a tiempo (vale más que la vi ctoria que supondría una sacrificada ascensión a una Silla que, dicho sea de paso, ya tiene dueño), destacar las travesías campo a través de Alberto con su singular bici con ruedas de tractor y las subidas por sitios imposibles de Joaquín y Fernan, que nos hacen dudar de que la ley de la gravedad nos afecte a todos por igual. Yo creo que no. Si no, que lo diga Corchero, quien, cogiendo mucha velocidad se bajó antes que ninguno. Al parecer no es cuestión de carrerita, sino de controlar la tracción del neumático trasero . ¡Ahhh!. Ya.
    En Bolonia, pasamos junto a unos (y unas) bañistas que descansaban cual lagartos a sol al lado de la factoría de salazones del yacimiento romano (si el emperador Claudio levantara la cabeza), que, por cierto, podría estar cubierto de alguna manera para mitigar la erosión despiadada del viento, agua, sol… y político cateto poco sensible a la importancia del sitio.
    Más abajo, unos parapentistas nos hicieron caer en la cuenta de que, al parecer, hay diversión más allá de la bici de montaña. Mira, todos los días son de aprender algo.
    Por último, y a manera de propuesta, retomo la sugerencia del propio Rafa Peña, la próxima vez (aún queda verano) podríamos quedar con los coches un cacho más allá y recorrer también otros parajes chulos como los próximos a Facinas, pongamos por ejemplo.

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